jueves, 1 de agosto de 2013



.A la mañana siguiente…

 

A la mañana siguiente desayune y me dirigí directamente a la tienda de Tâleb, quien me estaba esperando tranquilamente sentado. Me acerque y me senté junto a  él. El me entregó un papel escrito con los trabajos que me había asignado. Los habitantes del pueblo me ayudaron, (vaya, que majos). Así pasaron semanas. Con la ayuda de la gente fui mejorando hasta poder hacer los trabajos yo sola. Ya parecía una más, poniendo cada día mi granito de arena. Tras pasado poco tiempo Tâleb se casó y tuvo hijos, para los cuales fui como una más de la familia. Por ello empecé a vivir con ellos. Era como una más. Por desgracia, pasado el sexto cumpleaños de sus hijos, la mujer de Tâleb murió por una picadura de escorpión, lo cual dejó hecho trizas a Tâleb, pues la quería mucho. Todavía recuerdo aquellas muestras de afecto hacia su mujer. Que bello era ver eso. Pero por otra parte me sentía mal, pues yo no era correspondida. Sí, es lo que insinúo. Yo amaba a Tâleb con toda mi alma, pero si quieres a una persona debes dejarla seguir con su vida. Yo pienso que si amaba a otra persona y así era feliz no debía interponerme. Pero su mujer había muerto… ¿y si el me amaba? Nunca le dije que le amaba…¡Tal vez me correspondía¡. Pero solo eran pensamientos de niña tonta. ¡Cómo me iba a amar¡. Tras la muerte de Zahia, la mujer de Tâleb, más o menos unos días tras el terminó del luto de Tâleb a su mujer me llamó. Aprovechó un día en el que los niños no se encontraban en casa, pues esto para él era muy personal. Por lo visto necesitaba desahogarse hablando conmigo. Al llegar me senté y empezó a hablar hasta que se desahogó. Hubo un momento de silencio. Y fue entonces cuando le dije:

-No puedo seguir aquí.

-Pero, no entiendo. ¿Por qué?-Me preguntó Tâleb.

-Te amo. Cada vez que te veo el corazón se  me acelera y me siento genial, pero, al recordar que no soy correspondida se…

Tâleb me besó. Fue el beso más maravilloso que recibí en toda mi vida. Entonces me dijo:

-Te empecé a amar desde el primer momento en que te vi. Pero temía no ser correspondido.

Tenía gracia, que sintiéramos lo mismo, y no confesáramos nuestros sentimientos por el mismo motivo. Y gracias a dios que los niños esa noche no se quedaban en casa, pues Tâleb y yo nos enzarzamos en un armonioso baile llamado amor, lleno de caricias y besos, y de las más dulces promesas. Esa mañana me levanté temprano, y Tâleb también. Él se puso su ropa habitual para dormir, puesto que yo debía traer a los niños de vuelta, y no podían verle así. Yo me vestí con la ropa de dormir y fui a recoger a los niños, que ya estaban listos para volver a casa. Nos quedamos despiertos, y Tâleb me preguntó:

-¿Te quieres ir? No soportaría la perdida del amor de mi vida.

-Ten en cuenta a mi familia. ¿Cuantos años hace que no los veo? Ya pensaran que estoy muerta.

- Te dejare marchar, con una condición. Me debes llevar contigo. Quiero conocer a tu familia.

-Pero el viaje es largo. ¿Estás seguro?

-Por completo.

                                                  

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