.A la
mañana siguiente…
A la mañana siguiente desayune y me dirigí
directamente a la tienda de Tâleb, quien me estaba esperando tranquilamente
sentado. Me acerque y me senté junto a él.
El me entregó un papel escrito con los trabajos que me había asignado. Los
habitantes del pueblo me ayudaron, (vaya, que majos). Así pasaron semanas. Con
la ayuda de la gente fui mejorando hasta poder hacer los trabajos yo sola. Ya
parecía una más, poniendo cada día mi granito de arena. Tras pasado poco tiempo
Tâleb se casó y tuvo hijos, para los cuales fui como una más de la familia. Por
ello empecé a vivir con ellos. Era como una más. Por desgracia, pasado el sexto
cumpleaños de sus hijos, la mujer de Tâleb murió por una picadura de escorpión,
lo cual dejó hecho trizas a Tâleb, pues la quería mucho. Todavía recuerdo
aquellas muestras de afecto hacia su mujer. Que bello era ver eso. Pero por
otra parte me sentía mal, pues yo no era correspondida. Sí, es lo que insinúo.
Yo amaba a Tâleb con toda mi alma, pero si quieres a una persona debes dejarla
seguir con su vida. Yo pienso que si amaba a otra persona y así era feliz no
debía interponerme. Pero su mujer había muerto… ¿y si el me amaba? Nunca le
dije que le amaba…¡Tal vez me correspondía¡. Pero solo eran pensamientos
de niña tonta. ¡Cómo me iba a amar¡. Tras la muerte de Zahia, la mujer de
Tâleb, más o menos unos días tras el terminó del luto de Tâleb a su mujer me
llamó. Aprovechó un día en el que los niños no se encontraban en casa, pues
esto para él era muy personal. Por lo visto necesitaba desahogarse hablando
conmigo. Al llegar me senté y empezó a hablar hasta que se desahogó. Hubo un
momento de silencio. Y fue entonces cuando le dije:
-No puedo seguir aquí.
-Pero, no entiendo. ¿Por qué?-Me preguntó Tâleb.
-Te amo. Cada vez que te veo el corazón se me acelera y me siento genial, pero, al
recordar que no soy correspondida se…
Tâleb me besó. Fue el beso más maravilloso que recibí
en toda mi vida. Entonces me dijo:
-Te empecé a amar desde el primer momento en que te
vi. Pero temía no ser correspondido.
Tenía gracia, que sintiéramos lo mismo, y no
confesáramos nuestros sentimientos por el mismo motivo. Y gracias a dios que
los niños esa noche no se quedaban en casa, pues Tâleb y yo nos enzarzamos en
un armonioso baile llamado amor, lleno de caricias y besos, y de las más dulces
promesas. Esa mañana me levanté temprano, y Tâleb también. Él se puso su ropa
habitual para dormir, puesto que yo debía traer a los niños de vuelta, y no
podían verle así. Yo me vestí con la ropa de dormir y fui a recoger a los
niños, que ya estaban listos para volver a casa. Nos quedamos despiertos, y
Tâleb me preguntó:
-¿Te quieres ir? No soportaría la perdida del amor de
mi vida.
-Ten en cuenta a mi familia. ¿Cuantos años hace que no
los veo? Ya pensaran que estoy muerta.
- Te dejare marchar, con una condición. Me debes
llevar contigo. Quiero conocer a tu familia.
-Pero el viaje es largo. ¿Estás seguro?
-Por completo.
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