jueves, 18 de julio de 2013


 
 
   
    .El Jinete
 

 
 Pero ese fue mi día de suerte, pues después de unos minutos oí el galopar de un caballo. En ese momento una ráfaga de esperanza me golpeo.  Un blanco corcel paró ante mí y su jinete me invitó a subir. Pensé: ¿Será un espejismo?, pero al parecer no lo era. La voz del jinete resonó en mis oídos:

-Te llevaré a mi campamento, yo te acogeré.

Después de unas horas llegamos al campamento, y al parecer era el jefe de ese campamento aparentemente árabe.

Mientras el amable hombre me ofrecía algo de comida y agua, yo murmuraba sorprendida:

-Imposible, es imposible que este aquí, y si estoy aquí, ¿como habla el mi idioma?

Le pregunte tímidamente quien era, y, como sabia hablar mi idioma:

-Me llamo Tâleb. Mi padre sabía hablar español, y me lo enseño, por si había necesidad de usarlo alguna vez.

Aquel hombre, era robusto, con la mirada firme pero tranquilizadora. Era bastante alto con la tez y el cabello morenos. Sus ojos eran marrones,

Como chocolate negro derretido. Me resultaba bastante atractivo.

Vestía una túnica blanca, y un turbante negro que se quito al entrar en su tienda.

Aún me acuerdo de cuando llegue al campamento. Todos me miraban como diciendo, “¿que hace esta pelada aquí?” y claro, no es normal ver a una tía de navarra con traje de oficina casi del todo roto en pleno desierto. Parecía una indigente a la que habían despedido hace poco, y que además se le había acabado la pasta. Estaba horrorosamente mal. Doy gracias a dios de que me habían encontrado. Bueno, vamos a la historia que es lo que interesa. El caso es que cuando llegue  me ofreció comida y bebida y después ropa para cambiarme. Una de las familias del campamento me dio cobijo. La segunda noche me sentía incapaz de dormir. Ya eran altas horas de la noche, y se me ocurrió salir a  dar un paseo nocturno. Lo primero que vi fue al pobre Tâleb llorando la luz de la luna y las estrellas, así que me acerque para intentar consolarle:

-¿Porque lloras?

-No quiero aburrirte con historias que no interesan a nadie.-me respondió entre sollozos.

- Tú me ayudaste cuando creí que iba a morir, ahora me toca apoyarte.-le dije-

Además, te debo una. Desahógate, que yo te escucho.

-Mi padre murió hace tres días. No me siento capacitado para dirigir a mi pueblo.

-Estoy un poco estresado y tenso. Mi vida es mucho más difícil ahora y me siento

indefenso ante esta situación. Necesito ayuda…

-Yo  te puedo ayudar si quieres.   

- No creo que puedas.

- Haré todo lo que pueda para ayudarte.

-Muchas gracias Amanda. Quedamos mañana en mi tienda. Te asignare algunos trabajos para ayudarme. Ahora a dormir, que mañana va a ser un día duro.-dijo entre sollozos-.

- Vale. Adiós Tâleb.

- A, y Amanda…gracias por ayudarme. Tengo suerte de conocerte. Eres una buena amiga.

Los dos esbozamos una tímida sonrisa en nuestros rostros. Cuando volví  a la tienda de la familia que me acogió me sentí tranquila, a gusto conmigo misma,
y eso me hizo dormir mas tranquilamente.

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