.El Jinete
-Te llevaré a mi campamento, yo te acogeré.
Después de unas horas llegamos al campamento, y al
parecer era el jefe de ese campamento aparentemente árabe.
Mientras el amable hombre me ofrecía algo de comida y
agua, yo murmuraba sorprendida:
-Imposible, es imposible que este aquí, y si estoy
aquí, ¿como habla el mi idioma?
Le pregunte tímidamente quien era, y, como sabia
hablar mi idioma:
-Me llamo Tâleb. Mi padre sabía hablar español, y me
lo enseño, por si había necesidad de usarlo alguna vez.
Aquel hombre, era robusto, con la mirada firme pero
tranquilizadora. Era bastante alto con la tez y el cabello morenos. Sus ojos
eran marrones,
Como chocolate negro derretido. Me resultaba bastante
atractivo.
Vestía una túnica blanca, y un turbante negro que se
quito al entrar en su tienda.
Aún me acuerdo de cuando llegue al campamento. Todos
me miraban como diciendo, “¿que hace esta pelada aquí?” y claro, no es normal
ver a una tía de navarra con traje de oficina casi del todo roto en pleno
desierto. Parecía una indigente a la que habían despedido hace poco, y que
además se le había acabado la pasta. Estaba horrorosamente mal. Doy gracias a
dios de que me habían encontrado. Bueno, vamos a la historia que es lo que
interesa. El caso es que cuando llegue
me ofreció comida y bebida y después ropa para cambiarme. Una de las
familias del campamento me dio cobijo. La segunda noche me sentía incapaz de
dormir. Ya eran altas horas de la noche, y se me ocurrió salir a dar un paseo nocturno. Lo primero que vi fue
al pobre Tâleb llorando la luz de la luna y las estrellas, así que me acerque
para intentar consolarle:
-¿Porque lloras?
-No quiero aburrirte con historias que no interesan a
nadie.-me respondió entre sollozos.
- Tú me ayudaste cuando creí que iba a morir, ahora me
toca apoyarte.-le dije-
Además, te debo una. Desahógate, que yo te escucho.
-Mi padre murió hace tres días. No me siento
capacitado para dirigir a mi pueblo.
-Estoy un poco estresado y tenso. Mi vida es mucho más
difícil ahora y me siento
indefenso ante esta situación. Necesito ayuda…
-Yo te puedo
ayudar si quieres.
- No creo que puedas.
- Haré todo lo que pueda para ayudarte.
-Muchas gracias Amanda. Quedamos mañana en mi tienda.
Te asignare algunos trabajos para ayudarme. Ahora a dormir, que mañana va a ser
un día duro.-dijo entre sollozos-.
- Vale. Adiós Tâleb.
- A, y Amanda…gracias por ayudarme. Tengo suerte de
conocerte. Eres una buena amiga.
Los dos esbozamos una tímida sonrisa en nuestros
rostros. Cuando volví a la tienda de la
familia que me acogió me sentí tranquila, a gusto conmigo misma,
y eso me hizo dormir mas
tranquilamente.
